Crac! Magazine

Creatividad arte y cultura en este nuevo emprendimiento editorial nacido en Buenos Aires, a cargo de Kenia FX. La revista, disponible en versión digital, se presenta mensualmente con un movimiento artístico como tema; este número ronda el Surrealismo desde los árticulos de diferentes especialistas y artistas.

Con una alta calidad tanto de contenido como formal, Crac! Magazine resulta una lectura deliciosa:

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Chantal Maillard: Mi nombre es la máscara que llevaré por ti en la danza <>

Chantal Maillard: “Mi nombre es la máscara que llevaré por ti en la danza”

Acercamiento a la poesía de una filósofa.

 

Hoy, la voz de esta poetisa, ensayista y (debido a su última obra) casi-novelista es una de las más profundas, trabajadas y trabajadoras que suenan en España. Nació en Bélgica pero vive en España desde su adolescencia y escribe en castellano. Su obra podría considerarse como un transitar  arduo, tropezado y dulce por  los muchos hilos de una trama, o de muchas. Tal vez el hilo más largo sea el de la propia observación de la conciencia, el del ‹‹yo››  y de  todas sus estrategias para sobrevivir. Entre ellas se encuentra la del arte, que no ocupa un lugar secundario en el análisis.  El arte en Maillard es reflexionado desde muchas perspectivas: el arte muerto en los museos, que no duele; la política del arte; lo kitsch  y el sentimentalismo en el arte. Por qué el  arte y para qué. Pero no comentaré en este artículo su aguda y siempre sincera  mirada sobre el arte,  antes valdría la pena recorrer un poco los “tejidos” de la obra… o sus agujeros.

El texto como tejido es una metáfora que recorre toda la obra de esta filósofa afincada entre Barcelona y Málaga. Tanto en sus diarios como en su poesía y sus ensayos, el texto, el lenguaje  aparece referido o tratado como un tejido donde depositamos los conceptos para  luego confundirlos con la realidad, que transcurre viva y escurridiza al margen (un margen por el que disfruta pasearse la poetisa). La obra de Maillard, podría decirse, es un ejercicio de deshacer ese sistema conceptual y estático, partiendo del lenguaje mismo, consciente de que es lo único que tenemos, de que sin éste queda el silencio, acompañando a la nausea de Sartre: “Mejor no diga nada/ sería inútil/ fue una chispa/ ya ha pasado”. Así le habla la escritora al lector en su poemario Matar a Platón (2004), que fue reconocido con el Premio Planeta. Ella misma en Escribir, poema  que tiene lugar en el mismo libro, responde: “escribir/ porque alguien olvidó gritar/ y hay un espacio blanco/ ahora, que lo habita/ (…) escribir porque es la forma más veloz/ que tengo de moverme”.

Especializada en filosofía y religión oriental, Maillard crea en su obra un puente entre el occidente postmoderno y el universo sonoro y material de la India. Hijo directo de ese universo es el segundo de sus diarios: Diarios indios (2006). Los diarios son una serie de textos híbridos que oscilan entre la poesía, el diario y el ensayo: son  el rumor de la consciencia transcurriendo. El último de ellos, que es también su última obra publicada, Bélgica (2011),  es el cierre de la saga, un cierre circular como los muros del cementerio de Bruselas, ciudad natal de la autora.

Chantal Maillard es tan hija  de la filosofía radicalmente moderna (de Sartre, Beckett y Deleuze) y de la filosofía oriental y budista (Nagarjuna, T´ien T´ai) como de los bosques de su niñez y de su propia experiencia, que no separa de su obra. Así ésta se vuelve más refrescante cuanto más escarpada.

Carola Bendinger.

Acercamiento a la poesía de una filósofa

horas

Como río van
las horas
y debajo,
el río

Arriba: nebulosa en pátina,
espejo dislocado,
y subimos presagiando ahogos.

Como diosas van, las horas
encoronadas..

Las horas como pájaros
(dibujan en el aire incomprensible)

Abajo, como un buzo,
alguien intenta mirar:
arriba, la pátina resbala,
y  cae
enmarañada de otros ueños.

Las horas como diosas

            (Fuera del espacio tejen

                       inconcebibles telarañas.)

Las horas como espadas,
cortando superficies

              (abajo, entre la espuma, un buzo esquiva una guadaña).

(arriba pájaros dibujando inmensidades).

Cifran la nada en los ojos de otros  rostros,
las horas,
como esclavas.

Viva, viviendo, viendo,
Aquí agradecida.

cirolem

La furia resbalada

como en hojas secas formando

un alboroto.

Remolinos:

“no nos atropellemos las palabras”

Dejar la furia, abandonarla

(con el gesto inocuo de un depositar relojes muertos).

Antiguos vendavales:

“No nos atropellemos las palabras.”

Salir de vagar en el afuera

para invitarte

debajo de las horas.

Intento de cruzar un puente

¿cómo identificar si siguen vivas?

El alboroto emblanquecido

nota sus pilas desgastarse,

no sin prever  cansancio en el mercurio.

Manchando de atropello, el pensamiento

 Antiguos vendavales:

Ysi  n atr, ll   atr lap   brs sintr

llaps brs   lap sint trin ps    yasbrps

(…)

………….(Ya sin atropellarnos las palabras.)

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Deslizando atropellos

La furia resbalada

como en hojas secas formando

un alboroto.

Remolinos:

“no nos atropellemos las palabras”

Dejar la furia, abandonarla

(con el gesto inocuo de un depositar relojes muertos).

Antiguos vendavales:

“No nos atropellemos las palabras.”

Salir de vagar en el afuera

para invitarte

debajo de las horas.

Intento de cruzar un puente

¿cómo identificar si siguen vivas?

El alboroto emblanquecido

nota sus pilas desgastarse,

no sin prever  cansancio en el mercurio.

Manchando de atropello, el pensamiento

 Antiguos vendavales:

Ysi  n atr, ll   atr lap   brs sintr

llaps brs   lap sint trin ps    yasbrps

(…)

………….(Ya sin atropellarnos las palabras.)

Ayer: un pájaro

Me tomás, te tomo
no nos damos cuenta
sólo cunado una mueca prestada
reluce en otro espejo

no nos damos cuenta:
hay lejanías insospechadas
-nada de insensatas superficies
planas hijas del aire-

aire, nada más que aire

conmovido aire, arrancado
de huecos o rincones,
ya no me acuerdo

la memoria es ese pájaro
que ayer te pareció intuir
mientras veías algo zarpar

no estás
(ni cerca ni lejos
ni de aquí, ni de allí)
sos el espejo
rompiéndose

poco a poco,
como se deshacen, a gajos,
las nubes de algodón.

Sabías esto,
sabíamos: la memoria

es ese pájaro
que ayer te pareció quieto
en una rama seca.
La rama resquebrajaba

es necesaria tanta sinceridad

resquebrajar el espejo
y no estirar la mano.

Impresiones difusas

El papel era un escape.
Plano lejano, exitoso, exitante. Fuera.
Sabía, como las hojas saben al viento,
el engranaje sutil del escapismo.

Estabas sola, la hoja no era compañía.
Era fuego evaporado, era sueño.
Tiempo pasando sin herir. Sonidos
acariciando en el silencio.
Eras sueño, era vida,
como las hojas caídas dando viviendo al viento.

No había un después del papel, en el papel.
Su desafío no era su blancura: su desafío era el temor.
Espejito.
Atemporal, el espejito, como el papel.

Tiempos

Hubo un tiempo,

mudo ahora,

en que buscaba.

 

Otro, en que creía encontrar.

Cuando se hizo trizas, descubrí que era un espejo.

Entonces, los títeres de sombras tuvieron que estallar:

 

mil astillas, tal vez más, ocuparon un segundo, en el aire descompuesto.

Recorridos de invierno

Para algo, me dije, me creé. “Deberías, andando el tiempo, solucionar las viejas situaciones. Mover digital, los sucesos, las historias.”

Y me quedé pensando en una roca. Me convertí en oso y con la grasa de mis bordes me replegué en el invierno.

Nadie, al parecer, notó la diferencia.

Morí de frió, una noche que olvidé taparme, pero no dije nada: un poco para no decepcionar a mis mayores un poco por la pereza de los trámites. “Supongo -pensé- que habrá que arreglar mucho papeleo”

Nadie, al parecer, se dio cuenta.

Muerta ya, dudaba sobre mis funciones. Creo recordar que hubo, en un momento, un hilo del claro día. Eco luminoso de un limón amarillo. Creo recordar que hubo un grieta de albedrío. Durante el periodo de un instante, me di cuenta.

Recordé entonces la pregunta:  para algo me había hecho. Y dejé la roca, salí buscar, no sin antes armarme caballero. Con mis oropeles puestos, caminé un tiempo, intentando olvidar que estaba muerta. Con un pie borraba las huellas metonímicas de mi memoria. Con el otro, no hacía nada en particular.

En el camino intenté perderme, para cumplir la función. Y fui dejando las pieles, de oso, de pez, de león. Hasta que llegué a ser serpiente. Desayuné un pájaro que se manifestó en mi vientre y me parió en un claro.

Y fui dejando, en los lindes verdes retazos del pasado, haciéndoles preguntas a los árboles sobre historias que simulaba no saber. Me fui dejando en los lindes, retazos que para algo, me dije, me iba a hacer.

Nadie, al parecer,  notó la diferencia.

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